lunes, 1 de febrero de 2016

Las exactas sombras marrones.


Las exactas sombras marrones.

Hacía meses que tratábamos de venderlo y no pasaba nada. Quizás estaba mal ubicado y la gente no lo veía, y así no había cómo encajárselo a nadie. Era un buen producto artístico, de buena la firma, pintado en 1939 según decía en la etiqueta.  Y además con un conveniente precio (considerado así por los entendidos) pero no había Dios que lo vendiera.

Cuando entró la viejita del sombrero con flores, tanto el encargado de la Galería, como la otra vendedora y yo, tratamos de hacernos invisibles. Ninguno de los tres tenía ganas de cumplir con una de las frecuentes “visitas guiadas” a clientes que nos hartaban a preguntas y que nunca compraban nada.

Pero la señora me encaró directamente y muy resuelta y me dijo:

-Joven, por favor… ¿ese retrato de Ricardo Sanz, es original?

Confieso que me sorprendió su pregunta, ya que Sanz no es un pintor demasiado conocido, ni promocionado en nuestro país a pesar de ser un maravilloso artista internacional.
-Si, señora -contesté condescendiente- Así es.
-¡Me encanta! -dijo sonriéndome llena de alegría- Es uno de los mejores trabajos de Ricardo que he visto. -lo dijo como quien habla del sobrino de una amiga. Ricardo, como el chico del quiosco. Después continuó, sin esperar respuesta.
 -Pero yo vengo, joven,  por ese Hopper que tienen aquí escondido. Jajaja! ¿En dónde está? Jajaja! ¡Parece que no lo quieren vender!
Aquí fue cuando creí que el mundo se había dado vuelta. La señora no sólo conocía la obra de Ricardo Sanz sino que, además, sabía también qué cosa teníamos en nuestro catálogo. Personas así no son frecuentes, aún en el exclusivo ambiente de la “Cantine D`Art”, que aglutina a gente conocedora que busca arte para inversión y no por el mero motivo de personal disfrute estético.
El cuadro que ella pedía ver era “New York Movie” de Edward Hopper, cuadro realizado poco antes del comienzo de la Guerra, que valía una fortuna.
La llevé hacia el lugar, y cuando se paró frente a la obra, ella inclinó levemente la cabeza y se calzó un par de delicadas gafas que acrecentaron la calidad de su persona. Después de un momento dijo con voz tenue:
-Encendidas farolas clasisistas que crean en un espacio propio con las cortinas rojas, colgantes y tunicadas, y a su vez relatan una historia común con las columnas labradas, sólidas y egregias.
-Bella descripción para este trabajo, estimada señora –dije, como para hacer notar mi presencia.
-No es mía joven, es de una tesis sobre la pintura de los ’40 de la Art’s University,  y se aproxima bastante a la esencia de la Obra.
Luego continuó:
-También se conjugan con los claros colgantes suspendidos que abanican el pórtico recto de mampostería romanoide. Pero esta parte central no me satisface tanto, quizá por la presencia de las oscuras y exactas sombras marrones que inicialan la presencia del público,  como el sector derecho, en donde la atractiva empleada rubia campea en soledad sobre la vasta y acolchada alfombra verde claro.
-¿Y eso también es de la tesis? -le pregunté, ensayando alguna sorna.
-No, eso es mío y lo voy a calzar en un “file” en el que estoy trabajando.
-¿Usted no será crítica de arte, señora? Se lo pregunto porque la Galería trata solamente con potenciales clientes y no asesoramos a quienes no reportan beneficios directos. Comprenderá Señora que esto es un negocio y que…
Me interrumpió con un gesto seco. De la cartera sacó una tarjeta y dijo de forma tranquila pero cortante:
-Mande el cuadro a esta dirección, allí mi abogado le abonará el importe y le solucionará cualquier inconveniente. ¡Ah! Y deje en blanco donde dice comprador… ¡Es para regalar!
Mi alegría por la comisión que me tocaba cobrar debe haber sido tan evidente que hasta el encargado, que habitualmente se desentiende del salón, se dio cuenta que algo pasaba.
Ella, la viejita, muy suelta en sus maneras me dijo:
-Sabe Joven, hay momentos en que los placeres de la vida son tan escasos y efímeros, que no valen el esfuerzo que significa tratar de continuarlos. Se disfrutan por un momento y ya… se los deja ir en busca de mejores vientos.
­        -No entiendo muy bien lo que me dice Señora. -Dije mirando hacia el suelo.
-Es el juego de la estética lo que me trae a este lugar. El poder disfrutar por un momento de un color, de una forma, o del oscuro ambiente de penumbra lúgubre que generaliza ese lienzo,  en completa oposición a la iluminada escalera verde, enfundada en alfombra.
-Sus descripciones son, a veces, sorprendentes Señora. Yo jamás había visto así a este cuadro.
-Porque usted, Joven, lo mira pensando en venderlo. En cambio yo lo miro solamente por el minúsculo placer que significa mirar.
-¿Y entonces para qué lo compra? -Para ese momento ya estaba bastante confundido -Si ya no  va a volver a disfrutarlo?
-No joven, como la mayoría de las cosas se hacen solamente porque se puede. No hay otro motivo. No hay ulterioridades. Yo lo hago sólo porque puedo.
-¿Y qué cosa haría, Señora, si no pudiera pagarse este lujo? -pregunté entonces, ya sin ánimo de contradecir.
-Seguramente lo pintaría. Sí, lo pintaría como yo lo veo, para poder disfrutar de los colores y del olor de la trementina. Para saborear cada pincelada. Para fundirme en el pensamiento con esa rubia empleada solitaria. Si, lo haría para estar viva, finalmente.
Luego la anciana giró elegantemente sobre sus talones y se marchó sonriendo del local, sin una sola mirada hacia atrás.
A todos nos sorprendió cuando la Galería no pudo cobrar el cheque. Y debo aclarar que yo jamás cobré esa comisión.
Además, el abogado de la señora desapareció de la Ciudad pocas horas después de haber aceptado el envío y las condiciones de pago.

Carlos Micca- 2014

sábado, 24 de enero de 2015

"Ya no tengo paciencia para algunas cosas, no porque me haya vuelto arrogante, sino simplemente porque llegué a un punto de mi vida en que no me apetece perder más tiempo con aquello que me desagrada o hiere. No tengo paciencia para el cinismo, críticas en exceso y exigencias de cualquier naturaleza. Perdí la voluntad de agradar a quien no agrado, de amar a quien no me ama y de sonreír para quien no quiere sonreírme. Ya no dedico un minuto a quien miente o quiere manipular. Decidí no convivir más con la pretensión, hipocresía, deshonestidad y elogios baratos. No consigo tolerar la erudición selectiva y la altivez académica. No me ajusto más con la barriada o el chusmerío. No soporto conflictos y comparaciones. Creo en un mundo de opuestos y por eso evito personas de carácter rígido e inflexible. En la amistad me desagrada la falta de lealtad y la traición. No me llevo nada bien con quien no sabe elogiar o incentivar. Las exageraciones me aburren y tengo dificultad en aceptar a quien no gusta de los animales. Y encima de todo ya no tengo paciencia ninguna para quien no merece mi paciencia" (Meryl Streep).

miércoles, 7 de mayo de 2014

Elecciones, otra vez elecciones.



El Síndrome de Caperucita.


La escritora argentina Silvia Bleichmar razona que, en la oportunidad en que Caperucita Roja le preguntaba al Lobo sobre las particulares condiciones de sus manos, sus orejas, sus ojos, su pelo, y finalmente su boca, lo que buscaba era que la realidad que le saltaba a la vista (que estaba en presencia del Lobo y no de su Abuelita) fuera de alguna manera modificada por los tranquilizadores argumentos de quien aparecía como su posible inmediato victimario, y que los halagos que recibía como respuesta a sus temores obraran el milagro de hacer desaparecer el evidente peligro que la amenazaba.

Agrega la autora citada: “hay en la ingenuidad un componente perverso y autodestructivo disimulado por un interés de beneficio personal”. Y explica también que el sujeto que compra un billete de lotería premiado cree íntimamente que se está aprovechando de ese pobre paisano que debe regresar de urgencia a  su pueblo para atender a su madre enferma. De la misma manera, el individuo que compra el buzón de una esquina cree hacer un buen negocio sobre la necesidad del hombre que debe venderlo pues  ya sus muchas obligaciones no le permiten atender con eficiencia su negocio.

Así las cosas, el individuo común que oficia de elector en cada convocatoria y que en la soledad del cuarto oscuro respalda a un candidato del que conoce su trayectoria plagada de renuncios y bajezas, lo hace pensando en conseguir una pequeña madriguera que lo cobije de las inclemencias que lo han de afectar si alguno de los otros candidatos accede al cargo que se disputa.

Puede colegirse que en este estilo en pensamiento se configura la muy difundida psicopatía del chancho rengo, expresando como tal a aquellos individuos que disimulan o niegan hechos que se sobreentienden.

Este tipo de pensamiento, nefasto en su concepción y en los efectos producidos por  su práctica, suele ser natural en algunos ambientes de la política y de los negocios, y ha tornado en una resultante lógica del empirismo del “no te metás”, antigua y difundida cavilación del imaginario colectivo nacional.

Esta actitud tan manifiesta en el accionar cotidiano permite que sucedan en forma permanente episodios que serían descalificantes en otro contexto. Tal el caso de aquello que describe como “picardías” y que configuran acciones especificadas como “delitos” en nuestro celebérrimo y poco aplicado Código Penal. O también las acciones que se interpretan como maniobras electorales lícitas y que la realidad presenta como burdos contubernios y alianzas espurias destinadas a confundir o amedrentar al los débiles de espíritu que concurren a las urnas pretendiendo encontrar en ellas a padres sustitutos que mejoren sus expectativas.

Los manejos a los que se recurre en el ámbito político pondrían rojo de envidia a más de un curtido convicto, pero son sin embargo, prácticas aceptadas (al menos nunca denunciadas) en los despachos del staff partidario correspondiente, que las denuncia cuando provienen del ocasional contrincante, a la espera de ponerlas en práctica en su beneficio durante el próximo turno electoral.

Si bien esta manera de actuar ha dado pésimos resultados en nuestro País, no se avizora en el horizonte ninguna señal que anuncie su muerte, ni al menos su enfermedad o su declinación. Muy por el contrario el “dale que va” cabalga con impunidad, naturalidad y holgura en la poco sufrida conciencia nacional.

La costumbre, esa vieja enemiga de las mentes lúcidas, cobija hoy  bajo un manto de habitualidad a las distorsionadas Instituciones de la Nación, y también a las que dependen de las Provincias, Municipios y Comunas, que ya muy deterioradas en sus estructuras administrativas, carecen del potencial técnico y económico necesario para realizar con mediana eficacia las tareas que les han sido encomendadas.

El hombre común no alcanza ha percibir sin embargo, que la falta de eficacia de quienes lo administran es culpa, en parte, de su incumplida responsabilidad como Ciudadano, que aceptó en cada oportunidad que sus Gobernantes no tuvieran el grado de idoneidad, honestidad y compromiso que la circunstancia requería.

Posiblemente quepa el beneficio de la duda, en el momento de juzgar al individuo al que hacemos referencia. Quizá se peque de injusto al acusar de todos los males a este primario personaje de la democracia representativa, el Elector, que pretende cumplir con sus deberes cívicos al depositar un voto cada dos años.

El llamado “elector” en realidad solo contribuye con su acto cívico a la legitimación jurídica de las decisiones que ya tomaron quienes detentan el Poder. Este hombre no puede percibirlo ya que no se le brinda la mínima información necesaria para ello, y la que recibe de los medios de difusión suele estar teñida del color del problema y no del de la solución.

Quizás el hombre común de nuestros ejemplos no tenga otra alternativa a su alcance, debiendo aceptar las nefastas reglas de juego que el sistema político, y las costumbres pervertidas, le impone en el conjunto social en el que se desenvuelve.

Tal vez las posibilidades de decisión del individuo que transita nuestras calles se agotaron antes de su propia existencia, dilapidadas en pretéritos desencuentros de los que dirigieron de nuestra Nación, o en las discutibles decisiones tomadas en otros momentos por líderes ya superados por los tiempos. Y tal vez su visión, hoy, sólo abarque una la mínima porción de la realidad, obligándolo a referenciar sus actos en arcaicas y demasiadas veces mal enseñadas lecciones escolares.

Abril 2010 - Mayo 2014

lunes, 21 de octubre de 2013

ACERCA DE MI

Probablemente las experiencias personales no sean transferibles, pero no intentar la comunicación de las sensaciones que cada persona ha experimentado es aún peor cosa.
ACERCA DE MI
Existen situaciones y necesidades que solo son aceptadas por pocos.
Quienes logran descifrarlas no son personas comunes. Son los elegidos por vanos dioses seglares para colaborar en la difusión de su falso evangelio.
Yo fui uno de ellos. Y tengo la potestad de poder relatarte, si es de tu agrado, todas las dificultades que ha debido sortear el Cosmos para que hoy puedas beber en sus límpidas fuentes.
Puedo también lograr que crezca una flor en el infierno de tu mente.
Pero lo haré solo si deseas.
Llámame cuando tengas el alma dispuesta para conversar cara a cara con tus propios demonios.
Yo podré comprenderte, créeme.
Pero para eso deberás llamar primero a los elegidos.
Y elegirme.
Carlos A. Micca
2012-09arqcmicca@gmail.com